s sin duda un artista
exitoso, y esto nunca estuvo en discusión. Su arte transitó cómodamente
por todos los medios de difusión existentes: discos, radio, teatro,
televisión y hasta el séptimo arte, el cine.
Su popularidad se extendió por todo el país y en el exterior, tuvo
siempre su público. Un público que buscaba un espectáculo con
características de "music-hall". Una orquesta numerosa y
estridente, con cantores que se brindaban a todo pulmón, bailarines,
juegos de luces, algún coro y su director, hiperquinético, ora con sus
dos manos sobre el teclado, ora con una sola y dirigiendo con la otra,
ora alejándose del instrumento y utilizando ambas manos para conducir
la orquesta. Todo al servicio del espectáculo.
Pero paradójiacmente, esta receta popular y exitosa de Mariano
Mores, utilizada a lo largo de su extensa trayectoria, fue ,al mismo
tiempo, el motivo por el cual muchos gustadores del tango no lo
aceptaran y lo criticaran por su estilo y "vedetismo".
En efecto, el tanguero admirador de Troilo, Pugliese, Fresedo o del
mismo D'Arienzo, nunca aceptó ese estilo, ni siquiera se prestó a su
discusión. Era otra cosa. A Mores no se lo puede escuchar con unción,
con Mores no se puede bailar, poco importaba quienes eran los cantores,
era, en realidad, una orquesta para el teatro y para la televisión. Una
orquesta para el espectáculo.
Lo que nadie puede negar de este músico es su talento como
compositor. Como alguien dijo: "Lleva la melodía en la
cabeza".
Tuvo inspiración y también inteligencia para musicalizar letras de
los más grandes e indiscutibles poetas que dio el tango.
Aunque poco reconocido, es un gran pianista, pero nuevamente su
estilo lo traiciona y perjudica, sus poses y sus muecas al ejecutar el
instrumento, le quitan seriedad.
No obstante, hace gala de un molde artístico donde se conjugan en
exhuberantes dosis, el desenfado, la simpatía, la viveza comercial y el
talento, con que el destino favorece a unos pocos. Hoy se lo reconoce
como un ídolo popular que representa una parte esencial de la historia
del tango.
«Era el año 1936, yo tenía catorce años,» (en realidad 18,
probablemente una confusión del maestro) «y un día viajaba en tranvía
por la calle Corrientes. Frente al café "Germinal" estaba el
bar "Vicente", en cuya puerta había un cartel solicitando un
pianista que tocara música internacional, leyera a primera vista y
también transportara. Fui, me tomaron una prueba y quedé, a tres pesos
con cincuenta por día. En seguida entré a estudiar en la academía que
dirigía Luis Rubistein y nos hicimos amigos. Allí iban a vocalizar las
principales figuras de la canción y muchos otros recién iniciados.
Conocí a Rodolfo Sciammarella, que me pidió que le pasara al
pentagrama las notas que se le ocurrían. Tenía buen oído, era un buen
letrista, pero no sabía escribir música. De esta relación nació
"Salud, dinero y amor", que originalmente era una zamba y yo
la convertí en vals. Fue un gran éxito.»

Nos sigue comentando Mores que le pidió una letra a Luis Rubistein,
para ponerle música: "...así nació "Gitana", una canción
de corte español, que yo nunca toqué, pero que cantó Tito Schipa y en
nuestro medio, el dúo Gómez-Vila".
"Estaba de moda la música paraguaya, a partir de
"India", una guarania que había introducido Samuel Aguayo, y
por eso escribí "Flor de hastío", canción que le perdí el
rastro y que, años después, estando en Asunción (capital del
Paraguay), supe que fue un éxito, pero la consideraban de autor anónimo."
Al poco tiempo, el director de la academia lo nombra profesor y en
ese estado conoce a Margot y Mirna Moragues, de quien se enamoró.
Entonces el novel profesor se integra al dúo que ellas formaban,
"Las Hermanas Mores", transformándolo en el "Trío
Mores". Actuaron en radio y diferentes escenarios, hasta que el
pianista se integra a la orquesta del gran Francisco Canaro.
De esta época nos dice: "Poco antes, había hecho unos arreglos
musicales para unos japoneses, música popular de ellos en tiempo de
tango. Me pagaron cinco mil dólares, una fortuna. Me compré siete
trajes de los mejores, siete camisas y siete de todo. Así, hecho un
"dandy", bajaba del tranvía en Callo y Corrientes y por esta,
iba caminando hasta Florida, por la vereda de los números impares y
volvía por la de los pares, haciendo pinta. La gente empezaba a
preguntarse: "¿quién es ese cajetilla?". Un día me vio Ivo
Pelay y me dijo: "Vos sí que sos un buen vendedor de imagen. No
cambies nunca."
Canaro fue un padre para él, a quien llegó de la mano de Rodolfo
Sciammarella, que lo presentó a Ivo Pelay, socio del director. En su
formación debutó en el año 1939 en el Teatro Nacional de la calle
Corrientes y se desvincula en el año 1948.
Con Luis Rubistein hizo, en 1938, el tango "No quiero" y al
año siguiente su primer gran éxito: "Cuartito azul", y al
respecto nos dice: «... en realidad era un arreglo para "La
cumparsita", una introducción, pero cuando la escuchó Mario
Battistella me dijo que allí había un tango. Le puse ese título por
una piecita que alquilaba en la calle Serrano 2410 (barrio de Palermo),
para vivir cerca de mi novia. Un día se me ocurrió pintarlo
disolviendo pastillas de un blanqueador para ropa que venía en cubitos
de color azul. La letra fue escrita por Battistella sobre la música.
Casi siempre compuse así. Primero la música, aunque hubo excepciones.»
La primera colaboración para el cine fue hacer la música de
"Senderos de fe", con Amanda Ledesma, Juan Carlos Thorry y
Pedro Maratea. Se estrenó el 26 de octubre de 1938, "... no resultó,
y los temas compuestos los pasé al olvido".
Actuó como galán y fue autor de la música del film
"Corrientes calle de ensueño", en el año 1939. También en
"La doctora quiere tangos", con la actriz Mirta Legrand, en el
mismo año. Y finalmente en "La voz de mi ciudad", con Diana
Maggi, en 1953.
«Mi tango más popular es "Adiós Pampa mía", un homenaje
al folklore de la llanura, un tango con ritmo de pericón y estilo. Mi
mayor desilusión fue "Por qué la quise tanto", quise que la
estrenara Hugo del Carril y no pudo ser. Después fue éxito con Miguel
Montero.»
Es, a nuestro entender, lo mejor de su música los tangos que compuso
con Enrique Santos Discépolo: "Cafetín de Buenos Aires" y
"Uno". «Cuando Enrique me conoció me dijo: "Pibe, no
escribo más música, para eso estas vos".»
«Para entregarme la letra de "Uno", estuvo tres años, yo ya
me había olvidado del tema.»
«Manzi fue un gran poeta, era muy amigo de Troilo y trabaja con él.
Ya enfermo lo fui a visitar un día y estaba en la cama. Me dijo: "¡Qué
poco hice con vos! Me voy a morir y me voy a quedar con las ganas. No
tengo consuelo". Entonces le empecé a tararear una música que tenía,
una especie de tango-malambo, y de inmediato empezó a decir: "La
voz... triste y sentida, de tu canción... una lágrima tuya...",
así nació un nuevo éxito "Una lágrima tuya".»
Mariano Mores nació en el barrio de San Telmo el 18 de febrero de
1918, tiene más de 300 grabaciones. Su primer cantor fue su hermano
Enrique, con el seudónimo de Lucero, y por su orquesta desfilaron
muchos vocalistas: el uruguayo Mario Ponce de León, Aldo Campoamor,
Carlos Acuña, Miguel Montero, Hugo Marcel y su hijo Nito Mores, que
falleciera en 1984.
Mariano Mores es un inspirado compositor de verdaderos clásicos del
tango, tanto por la calidad como por el éxito comercial de sus obras. A
los ya nombrados "Cuartito azul", "Uno", "Por
qué la quise tango", "Una lágrima tuya", "Cafetín
de Buenos Aires" y "Adiós Pampa mía" hay que agregar
"Taquito militar", "A quién le puede importar",
"Sin palabras", "El firulete", "Cada vez que me
recuerdes", "Cristal", "Tu piel de jazmín",
"Gricel", "En esta tarde gris" y tantos otros más.