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LA
HISTORIA
DEL BANDONEON
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Allá
por el 1900 se incorpora un nuevo instrumento al Tango: El Bandoneón, de origen
alemán, este instrumento se iba a convertir en el más representativo de la
música del Río de la Plata. Tanto es así, que poco después no se concebiría
Tango sin bandoneón, y hasta nuestros días ese sonido tan especial es el más
característico del conjunto típico. Tanto prestigio lograría este
instrumento, que sus ejecutantes se convertirían en los músicos más
populares, y la mayoría de los conjuntos primitivos estarían encabezados por
bandoneonístas, a quienes se los llamó en épocas primitivas:
"mandoleonistas" o " bandoleonistas", por deformaciones del
nombre del instrumento al que se lo llamó a veces bandoleón y otras
mandoleón.
A los nombres de los más famosos bandoneonístas directores de los primeros
tiempos, o de "La Guardia Vieja", como se llama frecuentemente a este
período, podríamos agregar a Arturo Berstein " el Alemán" y Vicente
Loduca.

El
bandoneón aparece alrededor de 1850 en Europa, y debe su nombre a su
fabricante, el alemán Heinrich Band, difícil será determinar cómo llega a
Buenos Aires, hay varias teorías que nos presentan a románticos
bandoneonístas en los años finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX.
Y estas historias pueden ser ciertas, algún marino europeo posiblemente
depositó en nuestra ciudad el primer bandoneón que respiró aire porteño,
pero la introducción sistemática fue realizada por el alemán Max Epperlein,
radicado en Buenos Aires, importador de bandoneones marca "ELA" (los
primeros que llegaron en cantidad a Bs. As.)
La marca eran las iniciales de su fabricante Ernst Louis Arnold, pero será su
hijo Alfred Arnold quien fabricará los bandoneones más preciados por los
bandoneonístas profesionales hasta el día de hoy: los famosos "Doble
A".
El bandoneón le dio las características definitivas al Tango, y ha sido en su
desarrolló el instrumento de los dos músicos fundamentales en la evolución
tanguera: Aníbal Troilo, en la década del '40, y Astor Piazzolla en la
vanguardia.
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Ya
promediando la década del '30 los conjuntos se amplían, llegando a tres y
cuatro bandoneones; en actuaciones públicas, sobre todo en ámbitos abiertos y
muy grandes, como los bailes de Carnaval, y antes de la divulgación de los
amplificadores de audio electrónicos, se forman orquestas gigantescas, llegando
a contar con una veintena de bandoneones.
Finalmente se llegará a lo que pareciera ser el equilibrio: cuatro bandoneones,
combinación que permite hacer variaciones a cuatro voces, típicas en el Tango.
El bandoneón fue para los poetas del Tango como un compañero de tristezas:
"Has querido consolarme con tu voz enronquecida / y tu nota dolorida
aumentó mi berretín", escribía Pascual Contursi en la década del '20
abriendo una línea que culminaría con las poesías de Manzi: "Fueye"
y "Che bandoneón".
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