a década del '40 resultó
una fábrica interminable de artistas jóvenes, lanzados a recrear y
renovar la música ciudadana. Así, surgen músicos, cantantes,
letristas, compositores y arregladores talentosos, que enlazan las
anteriores generaciones tangueras del '20 y el '30, todavía vigentes
como los casos de Fresedo,
Canaro, Firpo, Di
Sarli, entre otros, con una muchachada ávida y entusiasta de la
talla de Troilo,
Pugliese, D'Agostino,
D'Arienzo, Demare, Maderna
y muchos más que resultaría ocioso mencionar en este momento.
Entre ellos, una orquesta: el rubro Francini-Pontier, comunión mágica
de dos extraordinarios músicos, identificados con un estilo renovador
pero, al mismo tiempo, bien milonguero.
En 1939, Enrique
Francini como violinista y Armando
Pontier en la fila de bandoneones, integran la orquesta recién
formada de Miguel
Caló junto con otros juveniles valores, como
Osmar
Maderna y Domingo Federico, piano y primer bandoneón,
respectivamente.
Ya anteriormente, ambos muchachos, oriundos de Zarate, (ciudad
ribereña al Río Paraná a 100 km. al norte de Buenos Aires), habían
estado juntos en la orquesta de Juan Ehlert, también de Zárate y
responsable de su traslado a la Capital, para actuar en Radio Prieto
en el año 1937.
Los dos músicos fueron creciendo en la orquesta de Caló y
permanecieron en ella seis años de éxitos ininterrumpidos.
En 1945, deciden intentar juntos una nueva etapa conformando una
orquesta que se convertiría en un verdadero icono de la década.
Debutan el 1 de septiembre en la inauguración del "Tango Bar",
mítico local de la avenida Corrientes al 1200, entre las calles
Libertad y Talcahuano, en pleno centro de Buenos Aires.
La formación estaba integrada por: Juan José Paz en el piano; en
la fila de bandoneones, Pontier,
Ángel Domínguez, Nicolás Paracino y Juan Salomone; en los violines,
Francini,
Pedro Sarmiento, Aquiles Aguilar y Mario Lalli; Rafael del Bagno en el
contrabajo y las voces de Raúl
Berón y Alberto Podestá.
Inmediatamente, fueron contratados por Radio El Mundo y el sello
Victor le produce su primera grabación: "Sirva
otra copa", de Arturo Gallucci y José
Rótulo, y del otro lado "Margo"
de Pontier y Homero
Expósito, los dos con la voz del cantor Alberto Podestá.(disco
Victor 60-0877, del 29 de enero de 1946).
A partir de este momento, la consagración y el reconocimiento de
la muchachada porteña, que los seguía con entusiamo en los bailes
del Picadilly y el Ebro Bar.
Argentino Galván se integra haciendo los arreglos y en 1947 los
encontramos haciendo furor en el escenario del cabaret Tibidabo, con
un estilo consolidado y un sonido personal e inconfundible.
De común acuerdo y amistosamente, se separan en 1955. Al respecto,
Jorge Palacio nos dice: «No sólo fue una separación amistosa, sino
que resultó beneficiosa para nuestro tango ya que, de esa disolución,
nacieron nuevas e importantes orquestas».
La producción discográfica del rubro Francini-Pontier es de una
calidad exquisita. Grabaron en total 130 temas entre los que se
destacan "Remolino"
con la voz de Raúl
Berón, una verdadera maravilla; "Pichuco",
instrumental; "Alma
de bohemio", con Alberto Podestá; "Nunca
tuvo novio", con Roberto
Rufino, a mi gusto, la mejor versión de esta joya de Bardi
y Cadícamo;
"Claveles
blancos", con Rufino; "El
ciruja", primer grabación de Julio
Sosa en Argentina; "A los amigos", instrumental; "Princesa
del fango", con Sosa: "A la guardia vieja",
instrumental; "Olvidao",
también por Sosa; "Por una muñeca", con Roberto Florio:
"Tema otoñal", de Francini, y "Chiqué",
ambos instrumentales.
La orquesta Francini-Pontier contó con cantores excelentes, que
además pasaban por su mejor momento, tales los casos de Alberto
Podestá, Raúl Berón, Roberto Rufino y Julio Sosa.
También cantaron otras destacadas voces: Roberto Florio, Héctor
Montes, Pablo Moreno, Mario Lagos y Luis Correa.