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Nombre completo: Aníbal Carmelo Troilo
Apodo: Pichuco
Músico, bandoneonista, director y compositor.
(11 de julio de 1914 - 18 de mayo de 1975)
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ue uno de esos contados artistas que nos hacen preguntar qué misterio,
qué magia produjo semejante comunión con el público. Como ejecutante
del bandoneón no fue un estilista como Pedro Maffia, ni un virtuoso
como Carlos Marcucci, ni un creador múltiple como Pedro Laurenz, ni un
fraseador como Ciriaco Ortiz. Pero de todos tuvo algo y fue,
fundamentalmente, él mismo, personalidad y sentimiento en la expresión.
Como director de orquesta cultivó un estilo netamente tanguero,
equilibrado, sin efectismos y de buen gusto. Supo rodearse de los
mejores ejecutantes de acuerdo a sus ideas musicales; eligió buenos
cantores, que a su lado invariablemente dieron le mejor de sí, a punto
tal que una vez alejados de su orquesta, a lo sumo parcialmente y por
poco tiempo rindieron al mismo nivel. Supo además elegir el repertorio
sin doblegarse ante las imposiciones de las empresas grabadoras.
Finalmente, fue un inspirado compositor, creador de temas que perdurarán,
lo mismo que sus versiones de obras ajenas, transformadas en clásicos a
través del tiempo.
Han dicho que tenía algo de Maffia, pero si alguien ha influido más
claramente en su forma de tocar, en la de hacer conversar al bandoneón,
en la capacidad de conmover estirando las notas en sus fraseos, ése ha
sido Ciriaco Ortiz. Tocaba ligeramente inclinado hacia adelante, los
ojos cerrados, la papada colgando. Pasado el tiempo, comentó: "Se
dice que yo me emociono demasiado a menudo y que lloro. Sí, es cierto.
Pero nunca lo hago por cosas sin importancia".
El bandoneón lo atrapó cuando lo escuchó sonar en cafés de su
barrio. Tenía 10 años cuando convenció a la madre de que le comprara
uno. Lo obtuvieron a 140 pesos de entonces, a pagar en 14 cuotas, pero
luego de la cuarta el comerciante murió y nunca nadie les reclamó el
resto. Con ese instrumento tocó casi toda su vida. Su primer contacto
con el público fue a los 11 años, en un escenario próximo al Abasto,
bullicioso mercado frutihortícola convertido hoy en un shopping center.
Luego integró una orquesta de señoritas, y a los 14 años ya tuvo la
ocurrencia de formar un quinteto. En diciembre de 1930 integró el
renombrado sexteto conducido por el violinista Elvino Vardaro y el
pianista Osvaldo Pugliese, donde Pichuco tuvo de ladero por primera vez
a Ciriaco Ortiz. El segundo violín del conjunto era Alfredo Gobbi
(hijo), luego célebre director de orquesta. De ese mítico sexteto no
quedó ningún registro discográfico.
En 1931 realizó Troilo una breve incursión en la orquesta de Juan
Maglio "Pacho". Al promediar ese año se reencontró con Ortiz
en la orquesta Los Provincianos, una de las varias creadas por el sello
Víctor, fundamentalmente para grabaciones. Más tarde se integró a una
orquesta gigante formada por el violinista Julio De Caro para
presentarse en un concurso en el Luna Park (estadio cerrado para boxeo y
espectáculos diversos). Pasó luego brevemente por las orquestas de
Juan D'Arienzo, Angel D'Agostino, Luis Petrucelli y por la Típica
Victor, dirigida en ese momento por otro bandoneonista de nombradía,
Federico Scorticatti.
Troilo formó parte del Cuarteto del 900, con el acordeonista Feliciano
Brunelli, Elvino Vardaro y el flautista Enrique Bour. Luego se suma a la
orquesta gigante del pianista Juan Carlos Cobián para los carnavales de
1937, su última parada antes de lanzarse con su propia orquesta. El
hecho ocurrió el 1º de julio de ese año en la boite Marabú, donde un
letrero anunciaba: "Hoy debut: Aníbal Troilo y su orquesta".
Y otro proclamaba: "Todo el mundo al Marabú / la boite de más
alto rango / donde Pichuco y su orquesta / harán bailar buenos
tangos".
Ese mismo año conoce a Ida Calachi, muchacha de origen griego empleada
en un local nocturno. Se casa con ella al año siguiente, cuando también
llega por primera vez al disco. Esto ocurrió en el sello Odeón el 7 de
marzo de 1938 con los tangos "Comme il faut", de Eduardo
Arolas, y "Tinta verde", de Agustín Bardi. Sin embargo, por
conflictos con la empresa no registró ninguna otra placa, hasta que en
1941 volvió a grabar para Víctor. Lo hizo el día 4 de marzo de aquel
año con su cantor emblemático, Francisco Fiorentino, popularmente
conocido como Fiore. La orquesta de Troilo grabó hasta el 24 de junio
de l971, día en que dejó registrada la última de sus 449 versiones. A
éstas hay que agregar las inolvidables realizaciones plasmadas por
Pichuco junto al guitarrista Roberto Grela, con la colaboración de
Edmundo Zaldívar en guitarrón y Enrique Kicho Díaz en contrabajo.
Este admirable cuarteto grabó doce temas a lo largo del período junio
1955 - septiembre 1956. En 1962 volvieron a reunirse para llevar al
disco diez temas más, aunque esa vez junto a Troilo-Grela estaban
Roberto Láinez en guitarra, Ernesto Báez en guitarrón y Eugenio Pro
en contrabajo.
En 1968 formó el Cuarteto Aníbal Troilo para grabar en Victor 11
tangos y una milonga. Lo acompañaban Ubaldo De Lío (guitarra), Rafael
Del Bagno (contrabajo) y Osvaldo Berlinghieri (piano). Habría que sumar
dos dúos de bandoneón con Astor Piazzolla en 1970, cuando registraron
"El motivo", de Cobián, y "Volver", de Carlos
Gardel. Se arriba así a un total de 485 grabaciones editadas, aunque se
supone que existen varias otras que no llegaron al público.
Cantores de gran relieve en la historia del tango pasaron por su
orquesta, como Fiorentino, Alberto Marino, Floreal Ruiz, Edmundo Rivero,
Jorge Casal, Raúl Berón, Roberto Rufino y Roberto Goyeneche. Sus
pianistas se convirtieron sistemáticamente en directores de orquesta:
así ocurrió con Orlando Goñi, José Basso, Carlos Figari, Osvaldo
Manzi, Osvaldo Berlinghieri y José Colángelo.
Como compositor, Troilo creó un extenso número de obras fundamentales.
Algunos de sus títulos más notables son "Toda mi vida",
"Barrio de tango", "Pa' que bailen los muchachos",
"Garúa", "María", "Sur", "Romance
de barrio", "Che, bandoneón", "Discepolín",
"Responso", "Patio mío", "Una canción",
"La cantina", "Desencuentro" y "La última
curda".
Fue un personaje mítico de Buenos Aires, a quien, como describió un
poeta, "un 18 de mayo el bandoneón se le cayó de las manos".
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